Markus Zusak, un australiano de origen germano-austriaco, escribió esta historia a partir de lo que escuchó a sus mayores sobre aquel tiempo. Él, nacido en 1975, no vivió las situaciones que narra; pero su imaginación le llevó a relatar como era la vida cotidiana de aquella Alemania que en 1939 iniciaba uno de los episodios más dramáticos a los que se ha visto sometida la humanidad en su larga y azarosa andadura. El lector se absorberá en las peripecias de Liesel, una niña casi analfabeta, que no obstante roba un sorprendente libro en su primera oportunidad. Su título "Manual del sepulturero". A partir de ese libro aprenderá a leer, a escribir, se enamorará de ellos y seguirá robándolos de la biblioteca de la mujer del alcalde de Molching, pequeña ciudad cercana a München, con la complicidad de ésta.
Asistimos a su metamorfosis en adolescente. A su amistad con Rudy Steiner, con quien compartirá aventuras, alegrías y penurias. Nos relatará como era la vida en aquella calle, Himmeltrasse, habitada por gente obrera y menesterosa, que desmontaba la teoría nacional-socialista del bienestar general. Ellos, los Hubermmann, los Steiner y otros, pasan penurias. Tienen hambre. Los niños roban en huertos para obtener fruta o legumbres. En definitiva nos dejan ver como era la vida en esos barrios, lejos de las proclamas grandilocuentes del régimen. Viviremos la angustia de tener que acoger en su casa a un "judío". La nobleza y dignidad de Hans Hubermmannn, ya que debía esa ayuda desde las trincheras de la primera guerra mundial. La aceptación de la situación por parte de Rosa, su malhumorada, humana y entrañable esposa. Sentiremos la sensación de estar en aquel refugio en que la lectura en voz alta de Liesel distrae la imaginación y hace soportable el temor que todo bonbardeo lleva consigo. Oir narraciones e historias que hablan de otros momentos y nos evaden del que vivimos, trágico y peligroso. Hay amistad, amor, sacrificio, amargura. Pero por encima de todo hay ganas de superación. De evitar que la realidad nos envuelva y no nos deje avanzar.
La novela me ha gustado y la recomiendo. Sus personajes son tan reales, tan próximos, que nos emocionamos, reímos y apenamos con ellos. El que la narradora sea la Muerte, hace que los sintamos más próximos. Es una novela dulce y dura a un tiempo, como en realidad es la vida de la mayoría de las personas. Un vez más la historia de unos niños refleja la sociedad en la que vivieron. Porque en el fondo la novela no es más que la plasmación del desarrollo vital de Liesel y Rudy, dos adolescentes, que con sus peripecias nos descubren como era aquel tiempo en un determinado nivel social. Ellos son conscientes del momento que viven y eso engrandece el relato y hace comprensible algunos aspectos por los que sus conciudadanos tuvieron que pasar.

