He de reconocer que cuando supe que Ken Follet había escrito una novela continuación de "Los pilares de la tierra", sentí a la vez curiosidad y preocupación. Digo ésto porque la obra citada me entusiasmó. Es una novela que refleja lo que debió ser aquel siglo XII en Inglaterra y por extensión, en gran parte de Europa. Una de mis favoritas y recomendada a todo el que me pide un libro para pasarlo bien leyéndolo y aprendiendo, si profundiza en la historia y la encuadra en su época.
Como he dicho, cogí la nueva novela con curiosidad y preocupado por que me dejara un mal sabor de boca y, de alguna manera, me desilusionara. No ha sido así. La obra sigue la estructura de la primera, si bien los hechos los sitúa 153 años después, en pleno siglo XIV. Los personajes guardan un cierto mimetismo con los de aquella. Un noble corrupto y malvado, un arquitecto, una mujer de dotes excepcionales y otra de fuerte personalidad pese a su humilde origen. Son Ralpf, Merthin, Caris y Gwenda. Todos circunscritos a la vida social de la localidad de Kingsbridge y sus alrededores. Por supuesto el Priorato-Catedral sigue teniendo una fuerte influencia en los hechos, así como el comercio de la lana y las ferias anuales. Añade un nuevo y trágico personaje, la peste bubónica, que asoló Europa en aquellos años. Es una circunstancia que determinará el desarrollo del relato y servirá al autor para reflejar la idiosincrasia de alguno de los personajes principales, en especial de Caris.
No quiero pararme en comentar el rol de los descriptos autores principales de la trama. Si quiero hacerlo en el nombre de la novela. "Un mundo sin fin". ¿Que mundo es?. Es el mundo eterno, que se mueve por amor, ambición, solidaridad, nobleza o vileza, deseos de prosperidad, ruptura de convencionalismos sociales o religiosos, entrega a causas nobles o no tanto, etc.. En fin, parece que Ken Follet nos quiere recordar que los motivos de hoy, quizás con nombres más sofisticados y mejores medios de comunicación, son los mismos que en aquellas épocas medievales y serán así mientras el ser humano exista sobre la Tierra.
Podremos hacer grandes y hermosas obras en todas las disciplinas que el arte tenga, pero lo que nos mueve son nuestros propios deseos, que según vayan en una u otra dirección, levantarán más o menos admiración y entusiasmo, pero serán siempre humanos y se repetirán a lo largo de los siglos que conformen nuestra historia.
Como curiosidad, el autor del libro comentó que le inspiró este nuevo relato una visita a la Catedral de Sta. María de Vitoria. No deja de ser un detalle.

