Un autor tan prolijo y de tantas vivencias como Blasco Ibáñez no es fácil de encasillar, y desde luego, este comentario no lo pretende. La novela está escrita en un momento concreto de su vida, influenciado por lo que ocurre a su alrededor. Su visita a Toledo en los años finales del siglo XIX, le dejan impresionado. Toledo es un compendio final, triste y decadente, pero aún vivo,de  todo lo que él aborrece.
En 1903 ve la luz la novela que nos ocupa. Es una novela anticlerical, no es la primera que escribe, ya que “La araña negra” había visto la luz once años antes, 1892, ni será la última. "El Intruso" en 1904 vuelve a tratar el tema. Son las novelas que él llama de rebeldía. Rebeldía contra un atraso secular tanto en lo cultural como en lo político, y cuya culpa distribuye entre una oligarquía celosa de sus derechos y una Iglesia institucionalizada que no quiere perder privilegios ni tener que enfrentarse a las corrientes modernistas que están aflorando en el pensamiento cultural europeo de entonces. Es necesario tener en cuenta este contexto histórico si queremos entender lo que el autor nos expone.
La narración nos va ha introducir en un mundo claustrofóbico, el de la “Primada de España”, símbolo que pretende abarcar la totalidad no solo de la Iglesia española de la época, sino su entera historia. Es como si España, aquella España, hubiese condensado su razón de ser en la imponente presencia del templo. En su aparente robustez y su claustrofóbico mundo.
Esperamos leerla con gusto y conocer a través de ella y de sus personajes algunas de la claves que aún hoy perduran. Es una novela sincera, como lo fue su autor. Nos enseñará todo el oculto mundo que pulula en un claustro tan extraordinario como éste. Aquello que el normal no ve, ni siquiera imagina, atento solo a los pequeños y grandes acontecimientos que se dan en la nave del templo, sin sospechar lo que en su interior se vive y piensa.